El Papa ha destacado la vocación de legisladores y servidores públicos católicos, llamados a ser constructores de puentes entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre (23/08/25).
El Romano Pontífice
invita a los políticos a la coherencia y unidad de vida: “no hay separación en
la personalidad de una figura pública: no está por un lado el político y por
otro el cristiano. ¡Pero está el político que, bajo la mirada de Dios y su conciencia,
vive sus compromisos y responsabilidades cristianamente!” (28/07/25).
En su discurso a
los miembros de la Unión Interparlamentaria Internacional, ha precisado que un
punto de referencia común y esencial en la actividad política es la ley natural, escrita no por mano humana, sino
reconocida como válida en todo tiempo y lugar, y que encuentra su argumento más
plausible y convincente en la propia naturaleza.
La ley natural
constituye la brújula que nos guía al legislar y actuar, particularmente en las
delicadas y acuciantes cuestiones éticas (21/06/25), como así también el
fundamento de un auténtico florecimiento humano donde se promueve el pleno
desarrollo de una persona en todas las dimensiones: física, social, cultural,
moral y espiritual (23/08/25).
León XIV ha
recordado el paradigma de Santo Tomás Moro, patrono de los políticos, quien
manejó los conflictos sociales con sentido de justicia, protegió a la familia y
promovió la educación integral de la juventud (21/06/25).
Asimismo, León XIV
ha invitado a los políticos a estudiar, proponer y defender la Doctrina Social
de la Iglesia, pues se trata de “una doctrina de salvación que aspira al bien
de cada ser humano, a la construcción de sociedades pacíficas, armoniosas, prósperas
y reconciliadas” (28/07/25).
Finalmente, el Papa
no desconoce que el compromiso abiertamente cristiano de un funcionario público
no es fácil, sobre todo en ciertas sociedades occidentales donde Cristo y su
Iglesia son marginados, ignorados y a veces ridiculizados. Tampoco ignora las
presiones, las órdenes partidistas y las “colonizaciones ideológicas” a las que
están sometidos los políticos. Frente a tal escenario, el Papa enfatiza que
solo la unión con Jesús —¡Jesús crucificado!— les dará la valentía de sufrir
por su nombre. Él dijo a sus discípulos: “En el mundo sufrirán, pero ¡ánimo! Yo
he vencido al mundo” ( Jn 16,33)
(28/07/25).
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia
En su magnífico
discurso a los trabajadores por la justicia (20/09/25), el Papa ha recordado
que la justicia está llamada a cumplir una función superior en la convivencia
humana, lo cual requiere la capacidad de pensar siempre a la luz de la verdad y
de la sabiduría, como así también de interpretar la ley yendo más allá de lo
puramente formal.
La tradición nos
enseña que la justicia es, ante todo, una virtud, es decir, una disposición
firme y estable que orienta nuestra conducta según la razón y la fe. La virtud
de la justicia, en particular, consiste en la “constante y firme voluntad de
dar a Dios y al prójimo lo que les es debido”.
Señala el Papa que
la justicia se hace concreta cuando se orienta hacia los demás, hasta alcanzar
la igualdad en la dignidad. Y apunta que la verdadera igualdad, es la
posibilidad de que todos puedan realizar sus aspiraciones y ver garantizados
los derechos inherentes a su dignidad.
Ahora bien, la
justicia evangélica, no se aparta de la justicia humana, sino que la interroga
y transforma: la impulsa a ir siempre más allá, porque la orienta hacia la
búsqueda de la reconciliación. En efecto, es la fuerza del perdón, propia del
mandamiento del amor, la que aparece como elemento constitutivo de una justicia
capaz de unir lo sobrenatural con lo humano.
Finalmente, el
Romano Pontífice recuerda la bienaventuranza evangélica: «Bienaventurados los
que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados» (Mt 5,6). Tener
“hambre y sed” de justicia significa ser conscientes de que exige el esfuerzo
personal de interpretar la ley de la manera más humana posible, pero también
pide aspirar a una “saciedad” que sólo puede cumplirse en una justicia mayor,
que trasciende las situaciones particulares.
Una economía
para el desarrollo humano
La Iglesia recuerda
que la economía no es un fin en sí misma, sino un aspecto esencial pero parcial
del tejido social, en el que se desarrolla el proyecto de amor que Dios tiene
para cada ser humano. El bien común exige que la producción y el beneficio no
se persigan de manera aislada, sino que se orienten a la promoción integral de
cada hombre y de cada mujer (08/09/25).
Señala el Papa que
la Rerum Novarum de 1981 -que conserva una sorprendente actualidad- nos invita
a no medir el éxito de la empresa únicamente en términos económicos, sino
también en su capacidad de generar desarrollo humano, cohesión social y cuidado
de la creación (08/09/25).
Hoy, en un contexto
donde la tecnología y la inteligencia artificial gestionan y condicionan cada
vez más nuestras actividades, es urgente garantizar que las empresas se
caractericen, ante todo, como comunidades humanas y fraternales (18/12/25).
En este sentido,
hemos recordado en otro artículo el luminoso ejemplo de Enrique Shaw,
empresario que entendió que la industria no era sólo un engranaje productivo ni
un medio de acumulación de capital, sino una verdadera comunidad de personas
llamadas a crecer juntas (08/09/25).
En efecto, en el
centro de cualquier dinámica de trabajo no debe haber ni capital, ni leyes de
mercado, ni lucro, sino la persona, la familia y su bienestar, al que todo lo
demás es funcional (18/12/25).
Traemos a colación
en este punto la primera exhortación apostólica del Papa León XIV Dilexi Te (“Te
he amado”), publicada el 04/10/25, sobre el amor hacia los pobres.
En este valioso
documento, el Papa ha señalado que estamos en el siglo de la Doctrina Social de
la Iglesia, que los pobres no son una categoría sociológica sino la misma carne
de Cristo y que donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan
muros, ella construye puentes (Dilexi Te, 75, 82 y 110).
En realidad
-expresa el Papa- la pobreza más grave es no conocer a Dios y pensar que
podemos llevar adelante la propia vida independientemente de Él (13/06/25).
Una ecología
cristocéntrica
El Papa ha señalado
que los desastres naturales que vemos en el mundo, en varios lugares y países,
son producidos, en parte, por los excesos del ser humano, a causa de su estilo
de vida (09/07/25).
Ante la
contaminación y el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el deterioro
de la vida y la degradación social, las desigualdades globales, la falta de
agua potable y de acceso a la energía para muchas poblaciones, la propuesta
consiste en una educación ecológica que permita revertir el orden de las cosas
(03/07/25).
El cuidado de la
creación, por tanto, representa una verdadera vocación para todo ser humano, un
compromiso que debe llevarse a cabo dentro de la propia creación, sin olvidar
jamás que somos criaturas entre criaturas y no creadores (05/09/25).
En efecto, sólo una
mirada contemplativa puede cambiar nuestra relación con las cosas creadas y
sacarnos de la crisis ecológica que tiene como causa la ruptura de las
relaciones con Dios, con el prójimo y con la tierra, a causa del pecado
(09/07/25).
Los desafíos
identificados en Laudato Si son de naturaleza social y política, pero
ante todo de naturaleza espiritual: exigen conversión (01/10/25).
En definitiva, cada
uno de nosotros es llamado a crecer en cuatro relaciones: con Dios, con los
demás, con la naturaleza y con nosotros mismos, a través de una actitud
constante de conversión (01/10/25), siendo la muerte y resurrección de Jesús,
el fundamento de una espiritualidad de la ecología integral (19/11/25).
Palabras finales
Hasta aquí llegamos
con nuestro quinto artículo, donde hemos querido recordar la visión del Papa
León XIV sobre la política como forma más alta de caridad; una justicia al
servicio de la verdad, con apertura a la reconciliación; la economía que se
orienta al desarrollo humano; y la propuesta de la conversión ecológica
-fundada en Jesucristo- para revertir la crisis ambiental en que estamos
inmersos.
En nuestro último
artículo, nos vamos a detener a considerar las enseñanzas del Papa León XIV
acerca del deporte, el arte, el cine y la música, con lo cual vamos a dar por
concluida esta breve reseña del pensamiento social pontificio.