Un cierto sector mal informado y mal formado de nuestra sociedad insiste machaconamente con una idea: el gaucho argentino fue derrotado por el progreso . No por el odio plasmado en las leyes de Mitre y Sarmiento (como la "ley de vagancia"), no por su denigración que llevó a un joven Alberdi a proponer su reemplazo por hombres anglosajones que serían los nuevos sementales de nuestra población femenina, no por las ejecuciones masivas del brutal Ambrosio Sandes, no por el incumplimiento de nuestra C.N. que en su art. 18 establecía la abolición de la pena de muerte por causas políticas, sino por el progreso.
Porque el gaucho argentino, que había regado con su sangre los campos de la patria para conquistar nuestra independencia obteniendo victorias épicas (como cuando voluntariamente se ofreció a Belgrano para luchar en Tucumán), que había cruzado Los Andes junto al Gral. San Martín para liberar naciones hermanas, que había derrotado al Imperio del Brasil , que había repelido a franceses y anglos en Obligado y Angostura del Quebracho , era un flojo que no servía para trabajar y hacer la Argentina europea de la Ilustración a la que le habían reservado el papel de proveedora de materias primas ("granero del mundo") del mundo anglosajón. Hoy diríamos, ser "el supermercado del mundo", para los Black Rock, los Rothschild, la banca Morgan, etc.
Para esos sectores el Santos Vega de Rafael Obligado es la más acabada personificación de aquel legendario gaucho, trovador errante de las pampas argentinas. Pretender que el Santos Vega representa más al gaucho argentino que el Martín Fierro es absolutamente indefendible . Y lo es por el origen del Santos Vega, invención de Mitre retomada por Ascasubi, Gutiérrez y Obligado entre otros, que tienen en común una animadversión al criollo y lo que él representa.
Unitarios, partidarios de las ideas de la Ilustración, hacen caer derrotado al gaucho (que además de bruto es vago, como los hoy denominados "marrones ", cuando la vileza y el mal gusto atraviesan a todas las clases sociales) frente a la modernidad o frente al mismo diablo que en absoluto puede ser la figura de los buenos inmigrantes que llegaban a nuestras tierras.
Lo que los intelectuales liberales de aquella época detestaban más en el gaucho era la herencia hispanocatólica que él representaba. Porque la"Leyenda Negra del Gaucho" es la continuación de la "Leyenda Negra Antihispánica" fraguada por ingleses y holandeses . Por eso aspiraban a reemplazarlo por inmigración nórdica o sajona y por eso entre los años 1862 y 1863 se produjo el asesinato de miles de gauchos federales o su persecución a fin de desterrarlos de la historia y que es lo que narra José Hernández en su inmortal Martín Fierro:
"El anda siempre juyendo,
siempre pobre y perseguido,
no tiene cueva ni nido,
como si fuera maldito;
porque el ser gaucho...¡barajo!,
el ser gaucho es un delito...
Y se cría viviendo al viento
como oveja sin trasquila;
mientras su padre en las filas
anda sirviendo al gobierno,
aunque tirite en invierno,
naides lo ampara ni asila.".
"El nada gana en la paz
y es el primero en la guerra,
no le perdonan si yerra,
que no saben perdonar,
porque el gaucho en esta tierra
sólo sirve pa votar,
para él son los calabozos,
para él las duras prisiones;
en su boca no hay razones,
aunque la razón le sobre,
que son campanas de palo l
as razones de los pobres.
Si uno aguanta es gaucho bruto;
si no aguanta es gaucho malo.
¡Dele azote, déle palo,
porque es lo que él necesita!
De todo el que nació gaucho
esta es la suerte maldita."
Entonces lo que tenemos aquí y que muchos no quieren ver, es que hubo un intento real del Estado liberal de hacer desaparecer de la historia al criollo y su cultura hispano católica, de convertirlo en "una sombra doliente ", "una nube lejana (que con la noche sombría huye al venir la mañana)", "una música vaga (que en los confines se escucha, esa armonía que lucha con el silencio y se apaga)" como dice el Santos Vega de Obligado. Y ese intento se sostenía con lo que la clase gobernante cínicamente llamaba "fraude patriótico".
En su excelente obra "Aquello que se llamó La Argentina", Enrique Díaz Araujo cita al afamado Joaquín B. González , que fuera ministro de Roca , en las sesiones del 1 y 2 de Feberero de 1912 en el Senado de la Nación donde confesaba que "Nosotros somos un organismo político roído por el fraude y la mentira... Este país, según mis convicciones, después de un estudio prolijo de nuestra historia, no ha votado nunca... Han sido, pues, en gran medida gobiernos de hecho". De hecho, en las primeras elecciones realmente libres gracias al voto secreto propuesto por el presidente -que aunque provenía del mismo círculo oligárquico era un hombre honesto y patriótico- Roque Sáenz Peña , el régimen liberal fue arrasado por el voto de los descendientes de esos gauchos.
Pero el antiguo régimen, con el apoyo de la entonces verdadera dueña de nuestra patria (me refiero a la pérfida Albión), no dudaría en derrocar al líder popular Don Hipólito Yrigoyen en 1930 . Pasarán 15 largos y oscuros años para que puedan otra vez los excluidos de la historia recuperar el protagonismo que siempre habían tenido en la edificación de la Argentina.
Ese "subsuelo de la patria sublevado ", en la inmortal frase de Scalabrini Ortiz , eran otra vez los descendientes de aquellos gauchos mestizos, por cuyas venas corrían sangre india y española , ahora enriquecida con la de los humildes inmigrantes de los conventillos.
El 17 de Octubre inauguró una época de inclusión y desarrollo nacional a través de leyes emblemáticas como el Estatuto del Peón Rural que procuraban devolver su dignidad al trabajador.
Se había cumplido lo que José Hernández había profetizado en La Vuelta del Martín Fierro:
"Tiene el gaucho que aguantar
hasta que lo trague el hoyo
o hasta que venga algún criollo
en esta tierra a mandar".
Había un criollo en el poder, pero esa ya es otra historia.