En el año 2017, en la provincia de Corrientes, el
ministro de educación, se pronunció a favor de “enseñar
sobre las diferentes culturas religiosas ”, algo que consideró
“afín con la enseñanza laica” porque “incrementa el acervo cultural, promueve la tolerancia y fomenta el
entendimiento entre los que piensan o creen distinto" . (Clarín)
Además de los beneficios que considera el ministro, la
religiosidad es una dimensión constitutiva de la persona. Como seres humanos
somos mente, cuerpo y espíritu y es esta última dimensión la que nos
diferencias sustancialmente del resto de los seres vivos.
La dimensión religiosa, espiritual o trascendente, es
aquella que nos lleva a salir de nosotros mismos, para donarnos a los demás y
al mundo en qué vivimos.
Es aquella que, más tarde o más temprano nos hace
preguntarnos sobre las verdades más profundas de la vida: quién soy, para qué
estoy en el mundo, cuál es el sentido de mi vida, por qué sufrimos, como
afrontar el dolor por la muerte, cuáles son mis valores.
Según Yeppes Stork, el hombre es religioso por
naturaleza, y esto lo podemos constatar haciendo un recorrido por la historia
de la humanidad, reconociendo cómo desde tiempos inmemoriales el hombre buscó
primero en la naturaleza, un ser superior a él mismo, que le diera sentido a la
propia vida. Mas tarde, griego y romanos, con sus dioses buscaron darle sentido
a los avatares de la vida y al propio destino.
Con la ilustración, el laicismo y el secularismo fueron
impregnando la sociedad, dejando para el ámbito privado las prácticas y
creencias religiosas, bajo la consigna de la libertad y de elección de
creencias. Así la familia se fue excluyendo para vivir sus tradiciones y
transmitir la fe, por miedo al qué dirán o a parecer antiguos en sus
pensamientos.
Esto no sólo impactó en la educación que los padres
quieren transmitir a los hijos sino en la confusión entre religiosidad y
religión.
Como dije, el hombre es religioso por naturaleza y cuando esta
dimensión no es desarrollada en equilibrio junto con el cuerpo y la mente, la
persona cae en el vacío. Un vacío del sentido de la propia vida, sin rumbo, sin
valores que orienten su accionar, se vuelve individualista y superfluo.
Educar en la espiritualidad es educar personas libres,
capaces de hacerse preguntas profundas acerca de la vida, el dolor y la muerte,
solidarias y empáticas. Y si le sumamos la creencia en un ser superior y unas
prácticas religiosas que inviten a la autorreflexión, el autoconocimiento y la
madurez estaremos formando personas más sabias, capaces de mirarse y mirar al
otro desde el amor a la verdad.
El hombre de hoy tiene miedo a la espiritualidad, porque
lo invita a mirarse con espíritu crítico, reconocer las limitaciones y trabajar
para ser mejores personas. Hoy la invitación es a no temer mirarnos, conocernos
y trascendernos.
Estamos de paso y nuestra tarea es dejar esta partecita
del mundo que nos rodea un poco mejor de lo que estaba cuando llegamos,
poniendo al servicio nuestros dones.
Volviendo a Marcel, hombre es problema y misterio… al
misterio lo resuelve la dimensión trascendente o religiosa.
Luciana Mazzei
Orientadora Familiar