Conversando con mis hermanos en un reciente encuentro familiar me preguntaban donde está actualmente la patria frente al desolador panorama general de abandono de los grandes ideales, de búsqueda del propio bien y disfrute particular sin compromiso alguno con el bien común ni con los hermanos.
¿Ha vencido el materialismo individualista y la falta de un sentido profundo? ¿Todo ha quedado reducido a la búsqueda hedonista y superficial sin un proyecto común?
La respuesta tiene un plano ontológico y espiritual pero también uno afincado en la realidad porque estamos convencidos que no todo está perdido. Veamos.
Nuestra patria Argentina comenzó a existir como tal el 1 de abril de 1520 en la Solemnidad de Domingo de Ramos cuando fray Pedro de Valderrama , capellán de la expedición de Fernando de Magallanes celebró en San Julián (provincia de Santa Cruz, Argentina) la primera Misa en territorio argentino . Fue un suceso realmente extraordinario como lo es un bautismo para una persona, que produce un cambio ontológico en ella tenga conciencia el sujeto o no de lo que ocurre.
Cuando tras la consagración, el Señor Jesús se hizo presente por primera vez en nuestras tierras todo quedó transformado, embellecido y elevado como si la Tierra y el Cielo quisieran fundirse. ¡El Redentor de la humanidad quería quedarse entre nosotros! Y así en cada misa que se celebra en estos suelos Él vuelve a hacerse presente, a sostener, bendecir y restaurar nuestra patria. Es ahí donde Argentina está más viva que nunca porque el mismo Cristo vuelve a decir que la ama.
En modo análogo una abuela al rezar por su familia y testimoniar la fe, una madre que enseña a sus hijos a amar a Dios o un catequista que transmite las verdades de la religión están cambiando para bien la materia prima de la patria que son sus hijos.
Y así como es fácil y evidente ver la patria en el pueblo en armas y en Don Santiago de Liniers luchando contra los ingleses en las invasiones, en el ejército sanmartiniano, en el heroísmo de Cabral o de Los Decididos de Tucumán , en las montoneras de los caudillos, en la granítica determinación de Rosas y Mansilla en Obligado, en los halcones de Malvinas o en cada soldado que luchó hasta el límite de sus fuerzas en el Atlántico Sur es bueno recordar que miles de jóvenes argentinos se preparan en nuestro ejército para defender la patria al precio de la propia vida si fuera necesario y no son sólo palabras. Pero no son los únicos.
Cientos de miles se preparan para servirla en los ámbitos de la fe, la ciencia, la cultura, el trabajo o el deporte. Aunque no los conozcamos esos jóvenes están, existen, como existen los adultos que se levantan muy temprano y hacen su trabajo con responsabilidad sabiendo que eso contribuye al bien común patrio.
La patria está en el político honesto, en el obrero que levanta los grandes edificios de nuestras ciudades, en el juez justo, en el municipal que no acepta una coima, en el policía que cumple bien su guardia, en la maestra responsable, en el médico que se perfecciona para servir mejor a sus pacientes y en el que defiende la vida siempre, en el historiador que antepone la verdad a la ideología, en el agricultor que sabe que su cosecha alimentará a millones de bocas y la hace con esmero, en la madre abnegada y el padre responsable.
La patria vibra en la pluma del poeta o la voz del cantor que le proclama su amor, en el niño y el adolescente que le promete fidelidad entendiendo lo que hacen y soñando con ondearla victoriosa en todos los rincones de la Tierra.
Por eso amigo, si no conoce a ningún compatriota así, tal vez debería replantearse si no está perdiendo de conocer a grandes personas, a otros hermanos argentinos que seguramente podrían ser sus mejores amigos.
¿Acaso no vibró Ud. cuando un compatriota guió la barca de Pedro? ¿Cómo me dice que la patria no existe? Búsque, que criollos como son, no negarán tenderle su mano y sentarlo a su mesa para compartir no solo pan material de nuestras fértiles tierras sino sobretodo el tesoro de nuestra historia y la responsabilidad de nuestra vocación.
Dr. Carlos Castillo